Un ciberataque podría amenazar la continuidad de firmas logísticas por falta de margen financiero
octubre 1, 2026
Escrito por: Admin L360
El 39% de las organizaciones consultadas no dispone de más de diez días de margen de tesorería para afrontar una parada total de actividad, según CEL y ZLC.

Un reciente informe elaborado conjuntamente por el Centro Español de Logística (CEL) y el Zaragoza Logistics Center (ZLC) —titulado Ciberseguridad en la Cadena de Suministro 2026— revela que el 39% de las organizaciones consultadas no dispone de más de diez días de margen de tesorería para afrontar una parada total de actividad.
Esta precariedad financiera evidencia que la escasez de liquidez para sostener diez días de interrupción transforma cualquier incidente digital en una crisis directa contra la continuidad del negocio. Debido a que la muestra del estudio está compuesta preferentemente por corporaciones de gran envergadura, el propio documento advierte que este panorama resulta todavía más delicado en un tejido logístico como el español, conformado mayoritariamente por pymes.
Factura económica y dependencia de socios
Los perjuicios monetarios de una brecha son cuantiosos. Respaldándose en cifras de IBM y Ponemon Institute, el análisis sitúa el coste medio de un ciberataque por encima de los cuatro millones de dólares, dejando al margen las sanciones legales y el daño a la reputación. Durante el acto de presentación, Susana Val —subdirectora del instituto de investigación de ZLC— concretó este impacto en 3,5 millones de euros sin contar las multas, advirtiendo que el perjuicio desborda la contabilidad ordinaria al bloquear los vínculos con entidades bancarias y paralizar la caja.
En este sentido, el responsable de Ciberseguridad de CTT Express, Victor Prada, remarcó que «un impacto de una semana o incluso tres días implica mucho tiempo de recuperación del negocio, por lo que necesitas la bolsa de liquidez que te apoye».
Esta vulnerabilidad financiera se extiende al ecosistema de proveedores. El 78% de las compañías admite que un ataque informático sufrido por un socio logístico clave repercutiría de forma directa en su propia operativa, lo que constata que la dependencia tecnológica se ha transformado en dependencia de tesorería.
Pese a que el estudio define la ciberresiliencia como un logro conjunto —recordando que «la continuidad de una empresa está condicionada por la preparación del conjunto de actores con los que está conectada»—, persisten graves contradicciones internas: únicamente el 43% posee una hoja de ruta formal para su cadena de suministro, un 43% carece de ella y el 13% la está redactando. Adicionalmente, de las firmas con protocolos, solo el 52% ensaya simulacros y un 22% elude la formación de su personal en el último año.
Elemento humano y deficiencias en la cultura de seguridad
La paradoja se traslada a la organización interna. Aunque el 70% asume que la ciberresiliencia forma parte de la cultura corporativa, el 48% duda de que sus plantillas sepan responder de manera adecuada frente a un ataque. Si bien el 78% fomenta activamente la notificación de anomalías y el 44% capacita de forma regular al personal de compras, Sonia Ramudo (responsable de proyectos del CEL) matizó que «la cultura de seguridad es superior a la capacidad de respuesta. Creemos que tenemos cultura en seguridad, pero no creemos que los factores humanos sepan reaccionar».
A ello, el global CISO de Tendam, David Moreno, agregó que en el pasado «predicábamos en el desierto, creían que éramos unos frikis; ahora son conscientes de que esto puede paralizar la compañía y que cualquier incidencia requiere de una recuperación por lo que se está empezando a invertir en ello».
El factor humano interviene directamente en el 60% de los incidentes de seguridad, un problema agravado porque el 67% de las entidades sufre déficit de profesionales especializados y el 74% cataloga el mapa de amenazas como sumamente complejo. Para Victor Prada, la estrategia debe partir de una premisa ineludible: «hay dos tipos de empresas: las que han sido atacadas y lo saben y las que lo han sido, pero no lo saben. Es decir, ataques vas a tener seguro, lo importante no es el tropezón sino cómo te levantas sin penalizar el negocio».
Desequilibrios técnicos y opacidad en la subcontratación
En el apartado técnico, el informe demuestra que el sector ha priorizado los perímetros defensivos frente a la capacidad de reacción. Mientras los firewalls, controles de acceso multifactor e IDS/IPS obtienen calificaciones de 4 a 4,3 sobre 5, la detección temprana desciende a 3,2 y la práctica de ciberejercicios a 3,3.
Esta flaqueza cobra gravedad si se observa que en escenarios industriales un intruso permanece oculto una media de 42 días dentro de los sistemas antes de ser descubierto. Ante esto, David Moreno y el viceconsejero madrileño Manuel Pérez Gómez recalcaron que «el papel lo soporta todo» y resulta indispensable auditar los sistemas y entrenar a los equipos de forma anticipada.
A esta brecha técnica se añade la complejidad del sector logístico, el cual maneja grandes volúmenes de datos sensibles. Como reconoció Prada, «somos un objetivo de los clientes por el volumen de información que manejamos». El riesgo se multiplica debido a la falta de transparencia en la cadena de subcontratación. Ramón García, director general del CEL, aseveró que «no se puede gestionar el riesgo cibernético dentro de los límites de una sola organización. Los eslabones tienen que trabajar de manera conjunta para dar una respuesta colectiva por lo que la ciberresiliencia debe formar parte de la estrategia de negocio, de la homologación de proveedores y de la toma de decisiones operativas».
Los datos sobre terceros reflejan esta debilidad: el 48% de las empresas omite auditorías periódicas a sus socios estratégicos, apenas el 39% exige mínimos de seguridad en las compras y el 44% ignora la periodicidad con la que se revisan dichos riesgos. El principal freno operativo radica en la falta de visibilidad sobre los subcontratistas de segundo y tercer nivel, recordando Prada que «tu ciberseguridad es tan débil como el más débil de tus proveedores, aunque no lo conozcas».
Reputación, riesgos globales y el decálogo de acción
Incluso tras restaurar los sistemas, el impacto perdura. La pérdida de confianza en clientes y socios se puntúa con un 3,14 sobre 5, advirtiendo Susana Val que «la caída de un único proveedor tecnológico o logístico puede propagarse de forma inmediata porque la cadena está conectada».
En contraste con las tensiones internacionales, tan solo el 9% de las firmas españolas reconoce exposición a riesgos geopolíticos, a pesar de que el indicador de amenaza global por la fragmentación geopolítica alcanza el 97% y el 26% de los participantes ha sufrido incidentes en los últimos dos años.
Prada alertó sobre lo golosos que resultan los datos logísticos, mientras que David Moreno advirtió acerca de la dependencia tecnológica exterior de España: «Dependemos mucho de tecnología americana. El tema de la IA es un ejemplo, si un fabricante americano mañana decide que a Europa bloquea acceso a las tecnologías, sufrimos un bloqueo».
Para corregir estas deficiencias, la investigación concluye con diez líneas maestras de actuación:
- Mapear la superficie real de exposición, incluyendo proveedores ocultos y dependencias tecnológicas secundarias.
- Integrar el riesgo cibernético en la selección de socios mediante cuestionarios de madurez y auditorías.
- Adoptar una arquitectura Zero Trust, rigiéndose por el principio de «nunca confiar, siempre verificar».
- Priorizar la detección y la respuesta rápida por encima de la mera prevención perimétrica.
- Entrenar planes de continuidad apoyados en ciberejercicios y análisis de impacto operativo.
- Proteger el dato como activo estratégico aplicando mínimos privilegios, cifrado y copias de seguridad aisladas y testadas.
- Situar al empleado como primera línea de defensa mediante capacitación continua y canales seguros de reporte.
- Cumplir la regulación como punto de partida (utilizando normativas como NIS2, CRA, DORA o el ENS) y no como meta final.
- Colaborar con el ecosistema, compartiendo inteligencia sobre amenazas y exigiendo estándares mínimos a los proveedores críticos.
- Integrar la ciberresiliencia en el plan de negocio, procurando que «deje de considerarse exclusivamente un coste tecnológico y pase a formar parte de las decisiones de planificación y diseño de la cadena».
El estudio sella sus conclusiones reiterando el principio que vertebra todo el análisis: «cuando una empresa no tiene liquidez para sostener diez días de interrupción, la ciberseguridad deja de ser un asunto del departamento de sistemas. Pasa a ser una cuestión de continuidad operativa, tesorería, proveedores, personas y, en último término, de capacidad para seguir funcionando como empresa».



